Última actualización: 17.09.19

 

Sarasate murió hace bastante tiempo, sin embargo, el legado del violín de Europa sigue vivo en la historia musical y en la carrera de la prodigiosa Ana María Valderrama, ilustre violinista española que ha sorprendido al mundo

 

A pesar de haber nacido muchos años después de Pablo Sarasate, el violinista español, Ana María Valderrama sigue evocando sentimientos de reconocimiento en todas las personas que la escuchan, pues indudablemente su maestría al tocar el violín les recuerda, a muchos expertos de este instrumento, al mismísimo Sarasate, considerado el violín de Europa por su talento.

 

Sarasate y su legado

Nacido el 10 de marzo del año 1844, en Pamplona, Martín Melitón Pablo de Sarasate fue un niño que, desde los 7 años, mostró sus brillantes dotes con el violín. Después de estudiar en diversos conservatorios de España, Sarasate continuó estudiando música durante toda su vida, deslumbrando a quien lo escuchara.

Su talento era tan increíble que, a pesar de ser un pequeño de 10 años, logró llamar la atención de la Condesa de Espoz y Mina, quién lo llevó a estudiar a Madrid y, después de allí, la mismísima reina Isabel II de España le concedió una beca a los 12 años para estudiar en el Conservatorio de París y continuar su formación.

A los 15 años logró recorrer toda Europa y América mostrando su prodigio con el arco y el violín, destacándose por sus conciertos y ganando premios a donde quiera que fuese. Armado con su Stradivarius original, Sarasate, además de deleitar con su interpretación, deslumbró con su composición.

En la actualidad, las obras de su autoría siguen siendo destacadas en cada momento y son consideradas unas las más brillantes y difíciles partituras que existen. Ese legado de Sarasate no tardó en llegar a las manos de Ana María Valderrama, una prodigiosa violinista que ha encontrado en el difunto músico la inspiración necesaria para seguir sus pasos.

 

 

La joven del violín

“À mon ami Sarasate” es el nombre del primer disco de Valderrama. Su amigo Sarasate, así lo piensa ella sin haberlo conocido. Esto se debe a que Pablo, el violín de Europa, sin saberlo, ha acompañado el camino de Ana María desde que dio sus primeros pasos en el mundo de la música.

Ganadora del primer premio y el Premio Especial del Público del Concurso Internacional Pablo Sarasate, esta mujer no solo fue la ganadora entre más de 60 violinistas de diversos países del mundo, sino que también fue la primera española en ganar este increíble reconocimiento, en su XI edición, en el año 2011.

Además del premio monetario, Ana María recibió un regalo invaluable, la oportunidad de tocar uno de los dos Stradivarius de Sarasate. Un violín marcado por la historia y por las obras compuestas con él. En sus manos quedó el Boissier y con él tocó hermosas piezas.

Ana María debutó como violinista con apenas 20 años, junto a Zubin Mehta para agasajar a la Reina Sofía de España por su cumpleaños número 70. Desde ese momento, esta mujer no ha parado de sorprender y sus talentos la llevaron a recorrer el mundo, presentándose en diversos países de Europa, América y África.

Jordania, Estados Unidos, Alemania y Colombia son solo algunos de los países que han tenido el privilegio de deleitarse con las melodías de Ana María y estos no serán los últimos que disfruten de su arte, pues esta violinista no da indicios de querer parar.

 

Ana María Valderrama y su padre musical: Sarasate

Uno de los grandes retos de la violinista española fue la composición de su primer álbum. No solo utilizó el Stradivarius Rojo de Sarasate en la interpretación de muchas piezas de su disco, sino que también se trata de un repertorio exclusivo de obras del violinista español, junto a unas pocas del discípulo de este: Théodore Dubois.

Estas piezas tienen dificultades técnicas increíbles, según la opinión de los más conocedores de este instrumento, muchas de las cuales hacen que violinistas de todas partes se abstengan de tocarlas hasta tener un nivel de experiencia muy avanzado. Sin embargo, a pesar de las adversidades, las críticas positivas no se hicieron esperar, pues la naturalidad con la que Ana María toca cada sonata es increíble.

Quizás la fluidez al tocar las piezas de Sarasate no es algo que le viene innato, sino que sus continuos acercamientos a la música de este prodigioso violinista, la han hecho más receptiva a cada una de las notas grabadas en las partituras.

Antes de su álbum, la musicóloga María Nagore ya la había invitado a tocar parte del repertorio de Pablo en la presentación de su libro. Una obra en la que se registran dos de sus creaciones que no habían salido a luz pública y que Ana María tuvo el privilegio de interpretar con el violín rojo del maestro.

Ana María ha repetido en múltiples ocasiones que tocar con el Stradivarius de Sarasate no es una tarea fácil, y esto es entendible, pues lleva a su cargo un instrumento considerado el mejor violín del mundo (En este enlace puedes encontrar algunas opciones de compra) por los fieles seguidores del violinista. Sin embargo, a pesar de las dificultades, este instrumento sigue derritiéndose en las manos de Ana María, quien continúa creando arte con él en cada oportunidad que se le presenta.

 

 

El futuro profesional

Ahora, madre de un pequeño niño llamado Simón, Ana María explora una nueva faceta de su vida. Este nuevo trabajo a tiempo completo le ha dado habilidades que no sabía que tenía y le ha otorgado esa inspiración extra que necesitaba para crear más y más.

Ya tiene tres discos adicionales en su repertorio, uno grabado con su cuñado, donde interpreta a Brahms y Cesar Franck; otro con la Orquesta Sinfónica de Barcelona, donde interpreta a Joan Manén y, el tercero, un disco donde se encarga de interpretar la obra de Lorenzo Palomo.

Después de varias giras con la Sinfónica de Castilla y León, Ana María se ha dedicado a seguir practicando, enseñar el arte de tocar violín en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y a mostrarle a su hijo, Simón, el mundo de la música. Es posible que, después de algunos años, el legado de Sarasate pase a otro pequeño prodigio del violín.