Última actualización: 28.02.20

 

La mandolina es un instrumento que ha acompañado a la humanidad desde el medioevo. Su incorporación en la música no fue tan destacada hasta que, Vivaldi, tras estudiar la métrica de sus sonidos, decide escribir un par de conciertos para mandolina, dándole la función de solista en su más afamada sinfonía “Concierto para dos mandolinas en sol mayor”.

 

La mandolina es un instrumento que se caracteriza por tener cuatro órdenes dobles, es decir, incorpora cuatro cuerdas pares para un total de ocho. Su caja es redonda y la forma de su cuerpo semeja la forma de una pera. El sonido generado durante su interpretación es envolvente debido a su suavidad, pero a la vez metalizado.

La presencia de la mandolina en la historia musical data del medioevo. Sin embargo, es hasta el siglo XVII que oficialmente comienza a ser fabricada en Italia y, posteriormente, a ser utilizada por grandes compositores como Vivaldi, Mozart, Beethoven y Paganini.

En la actualidad, la mandolina es empleada en géneros musicales como el folk, country, bluegrass y en las interpretaciones folclóricas de países latinoamericanos. De igual manera, la mandolina ha dado su aporte rítmico a diversos ensambles experimentales, la música académica y el rock.

Este renacimiento del instrumento ha incrementado su demanda en el mercado musical, por lo que cada vez son más los fabricantes que se dedican a su construcción. En este sentido, podremos encontrar instrumentos para niños, principiantes o profesionales, lo que lleva a muchos compradores potenciales a preguntarse cuál es la mejor mandolina.

 

Vivaldi y la mandolina

Vivaldi fue el primer compositor en escribir un concierto para mandolina, lo que ciertamente fue bastante arriesgado. Recordemos que con el oboe y el violín existía un referente dado por otros compositores. Es decir, dichos instrumentos tenían una historia musical para estudiarla, analizarla y crear música nueva a partir de ello, lo que no ocurría con la mandolina.

Si bien algunos músicos de la época habían compuesto música popular para mandolina, también es cierto que ninguno de ellos había experimentado escribir un concierto exclusivamente para ella. Sin embargo, esto no fue un obstáculo para Vivaldi. El músico examinó cuidadosamente el sonido generado por el instrumento, que para él resultaba completamente nuevo. Se trataba de una tonada frágil y metalizada, en la que destacaban una serie de armónicos y agudos matices de gran delicadeza.

A partir de este estudio es como el artista comienza a componer el “Concierto Do mayor para una mandolina y orquesta” y seguidamente el “Concierto en Sol mayor para dos mandolinas y orquesta”.

Concierto para dos mandolinas en Sol mayor

Entre las obras más emblemáticas de Vivaldi, encontramos “Concierto para dos mandolinas en sol mayor”. Se trata de un concierto barroco compuesto por tres movimientos, que inicia con un ágil estribillo que contagia a quien lo escucha con un aire de energía y vitalidad. Justo al término de la orquesta aparecen las tonadas de las mandolinas, creando una especie de diálogo entre ellas.

Así, la segunda mandolina es un eco de la primera que logra conjugarse cada vez que se finaliza una estrofa en antesala al estribillo. Ambas mandolinas se convierten en solistas y protagonistas absolutas de la pieza musical, gracias a sus refinadas tonadas.

Para este concierto, Vivaldi deja de lado el clavecín, ya que posee un sonido muy similar al de la mandolina. En su lugar, hace uso de las tonadas redondas y suaves del órgano, que logran un perfecto equilibrio musical con respecto a los sonidos dados por las punzadas de las cuerdas de la mandolina.

Ya para el segundo movimiento de este concierto, Vivaldi decide continuar con el diálogo entre el par de mandolinas de una forma efímera pero bastante contigua, gracias al “movimiento pellizcado” efectuado por medio de sus cuerdas. De hecho, para esta parte, la orquesta realiza un acompañamiento en pizzicati, una técnica aplicada únicamente para los instrumentos de cuerda pulsada. Así, las solistas tienen un armónico fondo que las complementa.

Llegamos al tercer y último movimiento, que deja atrás la calma y su avidez rítmica para deslumbrar nuevamente a la audiencia con una serie de tonadas enérgicas, bastante similares a las presentes en el primer movimiento. Los ritmos se avivan y dan paso a una verdadera danza de colores y tonalidades totalmente envolventes.

 

Clavecín vs Mandolina

El clavecín es un instrumento con teclado, cuya estructura interna incorpora un sistema de cuerdas pulsadas al igual que la mandolina. Al pisar la tecla automáticamente, las cuerdas son pellizcadas por una púa, mientras que en la mandolina el trabajo es realizado directamente con la yema de los dedos. 

Dicha característica hace que ambos instrumentos posean una gran similitud rítmica, ofreciendo sonidos metálicos y de gran delicadeza, que difícilmente podríamos diferenciar uno del otro. 

Sin embargo, Vivaldi decidió prescindir del clavecín en los conciertos que escribió para mandolina, ya que en esa época no era permitido integrar en una misma pieza dos instrumentos con tanta similaridad sonora. Por ello, en lugar del clavecín colocó un órgano, cuyos sonidos redondos contrastaban con la métrica de la mandolina.

Acerca del compositor y sus obras

El cuatro de marzo del año 1678 nació en Venecia un prodigio de la música, que a lo largo de su vida se convertiría en empresario, compositor y violinista. Se trata de Antonio Lucio Vivaldi.

Debido a su cabellera rojiza y desempeño como sacerdote católico veneciano del período barroco, sus amigos cercanos le llamaban “Il prete rosso” o en español “El cura rojo”. Entre su legado podemos mencionar el haber estructurado el género del concierto, que fue uno de los aportes más significativos de la época. Además, compuso un promedio de 46 óperas y 400 conciertos.

Encontramos bajo su autoría la serie de conciertos para violín y orquesta “Las cuatro estaciones”. “El Concierto en sol mayor para 2 mandolinas y orquesta de cuerdas RV 532”, “Concierto en Do mayor para mandolina y orquesta de cuerdas RV 425” y el “Concierto en Do mayor para múltiples instrumentos RV 558”.

Hasta el día de su muerte en el año 1741, Vivaldi había compuesto un total de 770 obras, una serie de piezas musicales que trascendieron a través de los siglos, convirtiéndose en opus de culto.

 

 

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