Última actualización: 20.11.19

 

Nadie puede moverse en la ciudad, nadie puede hacer el más mínimo ruido. Es momento de rescatar los sonidos de los más espléndidos violines jamás creados. Cremona, el hogar de los mejores ejemplares de este instrumento busca asegurar su legado musical para la historia.

 

El repetitivo sonido de los tacones chocando contra el pavimento, el estruendo de una taza que se rompe, el constante ruido del claxon de un coche… todos estos sonidos considerados normales en cualquier ciudad deben cesar en los alrededores del Museo del Violín en Cremona. No es una dictadura, es un intento desesperado en salvar el patrimonio cultural de la ciudad e histórico del mundo.

Por todo el mes de enero, esta pequeña ciudad con menos de 100 mil habitantes ha tenido que limitar los ruidos innecesarios para permitir que ingenieros musicales se den la tarea de grabar el sonido de diversos violines Stradivarius para que todos puedan escuchar su genialidad, incluso años después de que ya dejen de funcionar por completo.

 

La ciudad de los violines

Muchos dicen que se debe al bosque de arces y el de abetos que rodean la ciudad pero, realmente, no se sabe con exactitud por qué Cremona ha sido cuna de Luthiers de renombre y violinistas que lograron cambiar el mundo. Los talleres se encuentran en cada rincón de la ciudad e incluso esta posee una escuela oficial de Luthiers, para formar a profesionales de este loable oficio.

Claudio Monteverdi nació en esta región de Lombardía y años más tarde pasó a ser el primer violinista importante de la historia, sin embargo, no solo él logró demostrar la excelencia del instrumento. Las familias Armati y Guarnier también se destacaron por la fabricación de violines de calidad óptima, responsables de notas armoniosas y melódicas. No obstante, entre tantas personas talentosas, un nombre destaca y sigue siendo referente hasta la actualidad, Antonio Stradivaria, el Luthier más importante de violines.

 

 

El museo Stradivarius

El museo del violín es el lugar donde existen más instrumentos de Antonio Stradivari, todos guardados para ser exhibidos a amantes de la música. Se dice que los violines Stradivarius son el epítome de la excelencia de la ingeniería del sonido y, por esa razón, tantas personas se preocupan por la conservación de cualquier instrumento que haya sido fabricado por Antonio y su familia.

Sin embargo, todas las cosas sufren el pasar del tiempo y, a pesar de sus procesos de conservación, después de 500 años muchos violines se han deteriorado. En contra de los deseos de los amantes de la música, pronto cada uno perderá su sonido, pues, al ser tan frágiles, no podrán ser tocados y, para evitar esto, los expertos de la música han iniciado el proyecto de grabación y completo silencio.

Después de ruegos y súplicas, múltiples ingenieros musicales e instrumentistas de renombre han logrado convencer al museo de permitirles tocar violines, violas y chelos de hace siglos; todo por el bien mayor de la historia musical.

 

El banco de sonido Stradivarius

El alcalde de Cremona, también presidente de la Fundación Stradivarius, fue el encargado de autorizar el cierre de las calles cercanas al museo y también de pedir a los habitantes evitar el ruido por un mes, ya que, mientras ellos guardaran un voto de silencio, los músicos estarían grabando por 8 horas diarias diversas notas de instrumentos del museo.

Cuatro músicos de distintas nacionalidades se encargaron, por 6 días a la semana y durante todo un mes, de ejecutar diversas escalas con técnicas diferentes para poder lograr hacer una grabación con el mayor rango de registros musicales posibles. Los elegidos para llevar a cabo esta tarea fueron seleccionados cuidadosamente, pues, al tener que tratar con instrumentos tan delicados, era necesario que los intérpretes tuvieran un conocimiento excelente de ellos.

Los organizadores estudiaron la acústica del auditorio del museo. Las lámparas eléctricas debieron alejarse por su zumbido, la ventilación fue apagada y, después de clausurar las calles, los músicos lograron sentarse frente a los 32 micrófonos ultrasensibles para captar hasta el más mínimo sonido que caracteriza a un instrumento Stradivarius.

Las precauciones fueron extremas y exigentes. Los músicos usaron guantes para movilizar y tocar los instrumentos, previamente protegidos en cajas de cristal desde hace cientos de años. Además de eso, fueron escoltados por guardias de seguridad hasta el auditorio y vigilados por ellos, por el bien de los instrumentos.

 

 

Los beneficios de este ambicioso proyecto

Todos los violines encontrados en el museo se dañarán eventualmente y, debido a que nadie ha logrado crear un instrumento que suene igual a los creados por el gran Luthier, Stradivari, después de que esto suceda, sus sonidos quedarán completamente borrados de la existencia.

Para evitar esta gran pérdida del mundo musical, las grabaciones se han llevado a cabo, con escalas y transiciones para tener un registro completo de la gran mayoría de sonidos que puede producir un instrumento Stradivarius. Este proceso, llevado a cabo con tanta precaución y devoción al mundo de la música, no solo busca permitir que las nuevas generaciones logren conocer las melodías que pueden alcanzarse con uno de estos instrumentos, sino que también busca lograr diversos objetivos que benefician a compositores y Luthiers.

Al tener el material en un banco de sonidos, no importa si un compositor no cuenta con un instrumento original Stradivarius para lograr ciertas melodías en su sinfonía, pues, con esta base de datos, un músico podrá grabar una partitura incluyendo instrumentos que ya no existen. En este caso, se trata de dos violines, un chelo y también una viola.

Los Luthiers, por su parte, también podrán disfrutar del banco de sonido para servir como inspiración. De esa manera, podrán seguir intentando crear violines u otros instrumentos de la misma calidad de las piezas de madera Stradivarius. Estudiando todos los sonidos que producen, es más sencillo intentar hacer estructuras que permitan la repetición de las tonadas. A pesar de que sea casi imposible crear algo de la excelencia de un instrumento de Stradivari, siempre se puede seguir intentando.

Cremona, de nuevo, se convierte en historia para el mundo musical. No solo como la ciudad de la mejor marca de violines, sino como el lugar donde se logró hacer inmortal la vida de 4 instrumentos que cambiaron la historia de la composición clásica.